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Note from DianaEn españolPara dueños

Ya Eres Dueño de lo que Podrías Estar Rentando

La camioneta bajo la lona, el cuatrimoto, las tablas en la bodega. En agosto no los usa nadie. Cómo se ve de verdad ponerlos a rentar — y qué hay que pensar antes.

Una tabla de remo sobre el agua tibia y quieta de la bahía de La Ventana en verano

Casi todo lo que escribo aquí es para la gente que viene de visita: qué mes escoger, qué casa, si hace falta carro. Esta nota es para el otro lado. Es para los que ya vivimos aquí.

Es agosto. Hace calor, el pueblo está medio cerrado, y si sales a caminar por El Sargento vas a pasar frente a lo mismo que yo: camionetas bajo una lona, cuatrimotos arrinconadas, tablas de remo paradas contra una pared, cometas guardadas en un clóset desde abril. Cosas que costaron dinero y que ahorita no le sirven a nadie.

Esa es toda la idea de esta nota. No “monta un negocio”. Nada más: eso que ya es tuyo, y que de todos modos está parado, puede estar trabajando parte del año.

Lo que está parado nueve meses al año

Cuando armamos la parte de equipo y vehículos de Rent La Ventana, no estaba pensando en empresas de renta. Estaba pensando en los vecinos.

El señor que tiene la camioneta buena y la usa dos veces por semana. La familia que compró tres tablas de remo hace cuatro años y las saca en Semana Santa. El que se cambió de cometa y tiene el equipo viejo — que sigue perfectamente bueno — juntando polvo. El de la panga, que trabaja los meses de pesca y descansa el resto.

En un pueblo de este tamaño eso no se anuncia en ningún lado. Se sabe de boca en boca, y si el que llega no conoce a nadie, no se entera nunca. Mientras tanto el visitante que aterriza en La Paz en enero anda buscando exactamente eso, y termina rentando en la ciudad y manejando una hora, o de plano no rentando nada.

Lo primero que me preguntan: ¿cuánto me cuesta?

Nada. Publicar es gratis y no hay cuotas para el dueño. La comisión de la plataforma se le suma encima de tu precio, no se te descuenta — el precio que tú pones es el que tú cobras.

Lo segundo que me preguntan es cómo llega el dinero, y aquí prefiero ser bien clara porque es donde la gente desconfía, con razón. El huésped paga con tarjeta a través de Stripe y el pago cae en tu propia cuenta de Stripe, no en la mía. Yo no soy intermediaria de tu dinero. Por eso Stripe te va a pedir tus datos bancarios antes de que puedas publicar: es un formulario que llenas una sola vez, en el sitio de Stripe, y esos datos se quedan con ellos — nosotros no los vemos.

Sí, ese trámite es el paso más aburrido de todo esto, y es donde más gente se atora. Pero es también la razón por la que puedes cobrarle con tarjeta a un desconocido que todavía no llega al país, y dormir tranquilo.

Cómo se ve el trámite de verdad

El formulario para publicar son unos cuantos pasos cortos, en español, y hay dos cosas que vale la pena que sepas antes de empezar.

La primera: no se guarda nada ni lo ve nadie hasta el último paso. Puedes entrar, ver qué te pregunta, arrepentirte y cerrar la ventana. No queda nada publicado a medias ni te llega nadie preguntando por algo que todavía no querías anunciar.

La segunda: si ya lo escribiste en otro lado, no lo vuelvas a escribir. Para casas, clases y servicios puedes pegar la liga de Airbnb y lo copiamos — tu anuncio de Airbnb ni se toca ni se entera. Para equipo y vehículos Airbnb no tiene nada equivalente, así que no hay liga que pegar; pero si alguna vez pusiste un post en Facebook, un mensaje de WhatsApp o un anuncio viejo describiendo tu cuatrimoto, pega ese texto y llenamos lo que se pueda. Corriges un formulario ya lleno en lugar de escribir uno desde cero.

Y dos salidas que la gente no sabe que tiene. Puedes dejarlo sin precio, y entonces aparece como que se cotiza por solicitud — útil si tu precio depende de los días o de quién sea. Y puedes despublicar cuando quieras, sin dar explicaciones. Si en diciembre resulta que tú sí vas a usar la camioneta, la quitas y ya.

Lo que sí hay que pensar antes

No te voy a vender esto como si no tuviera peros, porque sí los tiene, y prefiero que los pienses ahorita y no en enero con alguien parado en tu portón.

Renta solo lo que aguantas que se rompa. Es la regla más importante y la más fácil de ignorar. Las cosas se usan, se rayan, se les pierde una pieza. Si hay algo tuyo que te dolería en el alma que regresara golpeado, ese no es el que pones a rentar. Empieza por el segundo mejor.

Un vehículo no es una tabla. Prestar una cometa vieja y prestar una camioneta son cosas de tamaño distinto. Antes de anunciar un vehículo, habla con quien te lleva el seguro y pregunta directo qué cubre si lo maneja alguien más. No te puedo contestar eso yo, depende de tu póliza, y es una llamada de diez minutos que te ahorra un problema grande.

Decide quién arregla y quién entrega. Si vives aquí todo el año y puedes entregar en persona, es lo más sencillo del mundo. Si te vas parte del año, necesitas a alguien de confianza que abra la puerta y reciba de regreso — y esa persona también tiene que estar de acuerdo.

Sé honesto en la descripción. Si la tabla tiene un parche, escríbelo. Si el cuatrimoto ya tiene sus años, dilo. La gente perdona una cosa usada que le avisaron; no perdona una sorpresa. Y en un pueblo donde todos nos conocemos, tu nombre vale más que una renta.

Lo que se renta bien aquí no es lo más nuevo. Es lo que estaba descrito tal como es, y lo entregó alguien que contestó el teléfono.

Por qué te lo estoy diciendo en agosto

Porque es el único mes en que tienes tiempo.

El viento empieza a entrar a finales de octubre y de ahí el pueblo no para hasta abril. Cuando eso pasa, nadie se sienta a llenar formularios ni a andar buscando su cuenta bancaria: andas trabajando. Y el trámite de Stripe no es inmediato — a veces tarda unos minutos, a veces te piden un dato más y se va un día.

Si quieres que esto sirva para la temporada que viene, el momento es ahora, mientras hace demasiado calor para hacer cualquier otra cosa. Que llegue octubre y ya estés publicado, con fotos y precio, en vez de empezando.

Y si lo tuyo no es una cosa sino algo que sabes hacer — traslados del aeropuerto, limpieza, cocinar, dar masaje, reparar — eso también va, en Servicios. Si haces algo con las manos y lo vendes, va en la Tienda. Es el mismo formulario y las mismas reglas.

En resumen

Publicar es gratis, el dinero llega a tu cuenta y no a la mía, nada se publica hasta que tú aprietas el último botón, y puedes quitarlo cuando se te antoje. A cambio te toca pensar dos cosas de verdad: qué estás dispuesto a que se use, y quién lo entrega cuando tú no estés.

Llevo años administrando casas en La Ventana y El Sargento, y la parte que más me gusta no es la de las casas grandes. Es cuando alguien del pueblo se da cuenta de que la cosa que ya tenía en el patio le puede pagar el año. Aquí llega gente de fuera todo el invierno buscando exactamente lo que ya está parado en tu terreno.

Si quieres verlo sin compromiso, entra a publicar un anuncio y avanza los pasos: no se guarda nada. Y si te atoras, escríbeme por WhatsApp y lo vemos juntos — en español, con gusto.

— Diana

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